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EL MOSQUITO Y EL ELEFANTE: EL PODER DE UN COLECTIVO QUE HA DESPERTADO
Por Admin AETH
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28 Apr, 2026
Una imagen me persigue: un elefante enorme, pesado, aparentemente inamovible. Y un mosquito. Diminuto. Molesto. Durante años, muchos de nosotros hemos sido ese mosquito convencido de que era el único que zumbaba en la oscuridad.
El error que casi todos cometimos
Desde hace una década pasaban los meses con la sensación de que algo no cuadraba. Las condiciones, las presiones, la soledad profesional, la percepción de que eras una pieza prescindible en una maquinaria que no te veía. Y la conclusión casi inevitable era siempre la misma: "Será cosa mía. Será mi empresa. Será mi situación particular."
Desde hace una década pasaban los meses con la sensación de que algo no cuadraba. Las condiciones, las presiones, la soledad profesional, la percepción de que eras una pieza prescindible en una maquinaria que no te veía. Y la conclusión casi inevitable era siempre la misma: "Será cosa mía. Será mi empresa. Será mi situación particular."
Ese pensamiento fue durante mucho tiempo nuestra jaula más efectiva. No necesitaban encerrarnos. Nos encerrábamos solos.
Miles de tasadores dispersos, compartiendo el mismo malestar, pero separados por la convicción de que ese malestar era individual. Y realmente no lo era.
Pensaba que solo me pasaba a mi…
Desde 2020, con la entrada de la pandemia, nos dimos cuenta de que el sistema del colaborador autónomo no estaba preparado para afrontar las crisis. Un compañero que le contó a otro lo que sentía (“me para la policía por la calle y me manda a casa porque no se cree que un tasador trabaje en domingo” ). Un hilo de mensajes que empezó a crecer. Una pregunta lanzada al aire que encontró eco en decenas, luego en cientos de respuestas. "¿A ti también te pasa?"
Y lo que parecía un problema individual se convirtió en lo que siempre había sido: un problema estructural de todo un sector. Hoy somos casi 2.000 compañeros organizados y en comunicación. No es un número cualquiera. Es la diferencia entre el ruido y la señal. Entre el quejido aislado y la voz que obliga a escuchar.
Y han escuchado. El BdE ha escuchado. Las cúpulas directivas han escuchado. Porque cuando un colectivo que sostiene parte fundamental del sistema financiero de este país decide hablar en una sola voz, ignorarlo y esconder la cabeza como el avestruz no es la mejor opción.
Sin tasación no hay hipoteca
Somos la pieza que da sentido técnico y legal a cada operación hipotecaria. Somos quienes ponemos nombre y número a la realidad del mercado inmobiliario. Sin nuestro trabajo, el sistema no funciona. Sin rigor, sin independencia, sin criterio técnico, lo que queda es un castillo de naipes esperando el primer viento.
Eso nos da una responsabilidad enorme. Pero también nos da algo que quizás no habíamos valorado suficientemente: nos da poder. No el poder de la prepotencia. El poder de quien es necesario y lo sabe. El poder de quien puede exigir ser tratado con la dignidad que corresponde a alguien esencial.
Celebrar lo conseguido sin bajar la guardia
Lo que estamos construyendo es, objetivamente, extraordinario. Pasar del aislamiento a la organización. Del silencio a la interlocución. De ser invisibles a ser un actor que las instituciones tienen en cuenta. Eso no pasa solo. Eso requiere valentía, constancia, y la generosidad de quienes dieron el primer paso ( colectivo e individual) cuando no había garantías de nada merece ser celebrado. Merece ser reconocido por lo que es: no el final del camino, sino la demostración de que el camino existe. Y eso es una responsabilidad colectiva. Se mantiene porque cada uno de nosotros elige, activamente, seguir formando parte de ella.
El futuro depende de nosotros
Depende de que el compañero que se incorporó hace tres meses se sienta tan parte de esto como quien lleva años. Depende de que la información circule, de que las victorias se celebren juntos y los obstáculos se enfrenten sin volver a la soledad. Depende de que ninguno vuelva a pensar que su problema es solo suyo.
Somos casi 2.000. Pero sobre todo, somos uno. Y eso es lo más poderoso que hemos construido: El elefante ya nos ha visto. Ahora no podemos dejar de zumbar a su alrededor. Por la cuenta que nos tiene.